De camino hacia la costa del Caribe, paré un par de días en la provincia de Santander, la capital colombiana del deporte de aventura. Allí van legiones de turistas a hacer trekking, rafting, puenting y un par de deportes más que acaban en “-ing” pero que no sé bien qué son…
Ya llevo un tiempito huyendo de las hordas de turistas (mayoría ingleses y australianos), así que no me apunté a los deportes de aventura. Me quedé en San Gil, y me dediqué a recorrer el pueblo de arriba abajo, a visitar los pueblos cercanos y recorrer plazas, tiendas y mercados y hablar con tanta gente como pudiera. Hasta ahora no había estado en pueblos del interior, y si ya la gente aquí es siempre encantadora, en estos pueblos lo son todavía más.
San Gil es bastante grande, la plaza central está siempre llena de gente, y el mercado es un laberinto oscuro de pasillos estrechos lleno de gente, todo va a un ritmo diferente, tranquilo, amable. Al pasar por los puestos las vendedoras intentan atraparte con un dulce grito de guerra: “ A la oooorden mi amor…!”. Allí compré la especialidad de la zona: Las hormigas culonas. Se comen fritas y están sorprendentemente ricas, crujientes y sabrosas, con una cervecita fría sería el picoteo perfecto.
Por casualidad fui testigo del evento del año, la tala del árbol centenario de la plaza principal. Se paró la vida en el pueblo durante una mañana, nadie quería perdérselo. Pasó un tipo con cara de indignado y metí el dedo en la llaga: “Aquí nadie trabaja o qué? “, me contestó refunfuñando: “este hijoputa pueblo tiene más vagos que la verga!”. No hay duda, era el cascarrabias del pueblo….
En Barichara, precioso pueblito colonial de calles empedradas, pasé la jornada electoral (no ganó la izquierda, a ver qué pasa en la segunda vuelta). Me recordó mucho a algunos pueblitos de canarias, con sus balcones, sus puertas abiertas y los abuelitos con sus sillas en las aceras viendo pasar el domingo.
En el puesto electoral todo tranquilo, considerada jornada de alto riesgo, la policía se lo estaba pasando bastante bien. Muchos volvían al pueblo a votar después de años sin venir, trabajando en las grandes ciudades, así que parecía más un acto social que otra cosa. Después de comer leo en elpais.com que Colombia vota entre el miedo y la amenaza…. Ese corresponsal seguro que no estaba en Barichara!!!